En el contexto marcial, se considera “ataque” a todo aquello que ponga en riesgo nuestra vida, integridad o bienes que consideramos valiosos. La impulsividad en un contexto de riesgo marcial, reaccionar con una técnica de defensa, puede salvar aquello que amamos, o no.
En cualquier otro contexto, la impulsividad puede poner en riesgo algo que antes no lo estaba.
Por ejemplo, si usted se encuentra conduciendo, y un auto pasa por al lado y el conductor lo insulta sin motivo ¿Reaccionaría impulsivamente? ¿Considera que ese ataque debe ser defendido? ¿Lucharía, Huiría?
En la vida cotidiana nos encontramos con diversas situaciones a las cuales reaccionamos impulsivamente, y muchas veces es la reacción impulsiva la que nos afecta, no el hecho.
En el contexto laboral, se observan reacciones impulsivas ante casos que requieren todo lo contrario: templanza y análisis:
- El recibir un feedback negativo
- Al sentir una frustración extrema
- En reuniones, al sentir una necesidad profunda de decir algo.
El arte de los 10 segundos es una herramienta clave para dominar la impulsividad. El primer paso es aprender a identificar nuestros disparadores: esas situaciones que percibimos como ataques y que suelen manifestarse como ansiedad, miedo al ridículo, sensación de injusticia.
Para aplicarlo, debemos invocar a nuestro ser racional para distinguir entre una amenaza real y una simple percepción. En ese instante, la técnica nos invita a volver al cuerpo mediante una inhalación y exhalación lentas, profundas y constantes, emulando la fluidez del agua calma. Este proceso debe durar al menos diez segundos, tiempo suficiente para reemplazar el miedo o la defensa por la curiosidad. Al ser curiosos con lo que el otro tiene para decir, desactivamos el instinto de lucha o huida.
Recuerde que la impulsividad no solo surge del conflicto; también aparece en momentos de euforia o autoconfianza excesiva. En ambos extremos, el arte de los 10 segundos es el camino hacia el equilibrio.


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